Jaguara (fragmento) - María Fragoso


CAPÍTULO I Los monstruos que trae el agua (De cuando llegan las bestias y se comen la fauna endémica) ***

Qué somos sino puro caos de manchas y colores. Una pintura, una bestia. Tengo pecas, explosión severa de patrones naturales por debajo y arriba de estos ojos que vidriosos reflejan el verde con piquete azul y amarillo a ratos. El cabello es terroso, pero como me lo decolora la vida tiene brillos en naranja, pelirroja a medias, rubia sin cocer, castaña de raíz. Mi piel, sí, es clarita; le falta sol. Pero como me crié en el bosque húmedo estoy acostumbrada a las brumas de flora ruidosa, con cantos de ranas y quejidos de serpientes. Me veneran, a ratos. Soy elegante para algunos y más bien peligrosa para otros. La mala suerte de encontrarse conmigo no es porque sea la tercera más grande de mi familia, sino porque tengo la mordida más dura y el grito más guarro de todos. Dirían que soy inalcanzable aunque el miedo de extinguirme me persigue. Dizque doy caza pero me aterran las jaulas. Ya no hay más juego depredador cuando más bien mi naturaleza se ha vuelto escondida, introvertida por necesidad para evitar la inexistencia. Me ha pasado algo en esta línea de vida. Vida que me ha dado casa y me ha lanzado a las aguas. Aguas profundas que te escupen en algún lugar. Un lugar al otro lado del río, del mar, del mundo.